
Fotografía tomada por Graham Hains.
La autora de Dos metros cuadrados de piel responde a nuestras preguntas.
1. ¿Hay algún ritual o costumbre que acompañe tu escritura?
En general, intento mantener mis rutinas. Empiezo el día leyendo y traduciendo, solo después de que he calentado así los dedos, puedo lanzarme a escribir. La traducción me ha servido para organizar y dar estructura al cotidiano, pero también es un ejercicio que me arranca el pudor de la página en blanco. Al trabajar siempre en dos libros al tiempo (porque la traducción es escritura y la escritura es reescritura) permite que ambos textos entren en diálogo. Cada autora que elijo traducir lo hago porque veo en su texto elementos estéticos o formales que mi libro está interrogando. Entonces, traduzco para aprender, para informar mi propio texto y a la inversa. Después de que salgo a correr y almuerzo, respondo correos y preparo las sesiones para mis talleres de poesía… Ese, digamos, es el ritual.
2. ¿Con cuál personaje literario te gustaría conversar?
En The Maximus Poems de Charles Olson hay un poema corto sobre una mujer que una vez a la semana sube una montaña y cuando regresa al pueblo está feliz. La gente le pregunta que por qué está feliz, que cuál es esa felicidad y ella responde “the mountain has fucked me”. Esa es toda su felicidad. No quisiera conversar con ella de otra manera diferente a conversar como se conversa en la lectura y eso ya lo hice.
3. ¿Qué autor o autora vuelve siempre a tu biblioteca?
Lorca. Frecuentemente me vuelve a la cabeza su poema 1910 (Intermedio), en especial los versos “No preguntarme nada. He visto que las cosas / cuando buscan su curso encuentran su vacío.”
4. ¿Qué libro dejarías en una mesa para que alguien lo encuentre?
Ya que en las mañanas y el verde musgo. Entro por la ventana de Friederike Mayröcker. Después de Fernando González, Mayröcker ha sido una de mis mayores influencias y no digo solo para mi escritura, que lo ha sido, por eso la traduje al español y también a González, al inglés… pero me refiero, sobre todo, a ella como una influencia vital. Mayröcker produjo una obra desquiciada y tan extensa que resulta inabarcable. De ella me parece que hay que aprender la desfachatez.
5. ¿Qué haces con los libros que no te gustan?
Los leo. También he llegado a escribirlos. Me produce gran placer físico e intelectual encontrar algo que me disgusta profundamente. Cuando un objeto logra moverme de esa manera, me interesa descubrir cuáles son las formas de ese objeto y qué pueden estar diciendo de mí. Creo que es mi labor como escritora interrogar aquello que me produce rechazo de otra manera estaría siendo su cómplice.
6. ¿En qué espacio o lugar te sientes como en casa?
En los lugares sucios e incómodos. Para mí, casa es el lugar donde esté escribiendo y suelo hacerlo en el suelo, frente al portón del edificio, en las escalinatas.
7. ¿Qué cosa dejaste de disfrutar con el tiempo?
Muchos novios, las afirmaciones, cierta clase de gritos. También he perdido el gusto por la rapidez. Quizás he llegado al final de la adolescencia.
8. ¿Cuál es tu parte favorita de escribir?
No saber. Y desaparecer.